¿A quién quieres engañar?
Tú eres casi un viejo.
Yo soy casi una niña.
¿Te quieres engañar a ti mismo?
Y ahora te hablo y
las palabras
rebotan en tu espalda,
se clavan en mi pecho blando.
Una tras otra, las tildes atraviesan mis tejidos,
las onomatopeyas me golpean en la cara.
Y a ti no te vale nada
de nada
mi verdad.
Porque mi verdad es
mentira
envenenada como la de cualquier niña con berrinche
que hace el juramento de no bajarse de la cama,
de no ir al colegio,
de dejar de respirar.
Sí,
así.
Así con los mofletes hinchados.
Así me pongo muy roja.
Cuando te quieras dar la vuelta...
Cuando no tengas otro remedio que darte la vuelta,
ya me habrás porfiado.
Sigo en la bañera,
quiero a mamá,
ya no me hace falta la isla que me usurparon.
Qué decir...no hay palabras.
Es simplemente magnífica la forma de plasmar todo así. No me vería capaz de hacerlo, de nuevo repito como en incontables ocasiones en las que te dejo mi marca por aquí.
Pero es que no se me ocurre qué más poner.
Lo demás lo sabes.
* L*V* ***
ah, las onomatopeyas, estas sí que hacen daño